Edit. Zona Borde, 2015

“Encontrarse con este universo poético es saberse cómplice de una invitación a explorar los bordes de un abismo deseado. Probar la lengua de esta loba es como sostenerse a ciegas sobre el vértice de una pirámide; la que encumbra la experiencia Yasan. Y una vez allí, comprobar que el equilibrio puede ser una burda convención que bien vale la pena dejar de lado”Ricardo Costa sobre “Pequeñas Criaturas de lo Incesante”

La música sin cartas

perdí el color en lo incesante
ese perro entrenado para morder
los talones del tiempo     sin lastimarlo

perdí la humanidad
me jugué hasta la música sin cartas
tragué sin masticar flechas perdidas
nació una rosa negra y la dejé
morir como a las otras
pequeñas criaturas de lo incesante
lobas en cautiverio

yo misma me perdí en la sinrazón
me aturdía ese piano desafinado
en la raíz de la neuralgia
esa descarga repetida que llora día y noche
como un hijo del mundo
que nadie atiende

Crepuscular

llega la víspera del día después
sobre el potro de la nostalgia
como un narcótico expandiéndose
por el flujo del sábado

tan delicado
tan incorpóreo

somos analfabetos en el crepúsculo
esa franja violácea
donde se incuban las ganas de gritar
por las calles de la inclemencia

y el cielo cuelga sobre los hospitales
como un traje que nadie se atreve a vestir
envuelve las terrazas
apaga los presidios

es el instante más largo que se conoce
en la saliva del universo

luego el tiempo vuelve a crujir
y un pájaro es tragado
por las turbinas de la noche

Fondo blanco

necesito unos guantes de hule
necesito unos tragos

para abrir los cajones que nadie ocupa
encontrar esa herencia de lapiceras que no sirven
ese reloj parado
barato
que nadie se anima a tirar

necesito hacer fondo blanco
tener un estómago a prueba de morgue
un hígado embalsamado

para abrir ese féretro carcomido
donde guardaba la ropa interior
más diminuta
esa idea confusa de la intimidad
entre seres carnívoros

necesito una damajuna de rivotril
una vesícula de acero quirúrgico

para vaciarlos en una bolsa negra
y sacarla del dormitorio con los dientes
de la mujer que fui