La poesía de

Laura Yasan

Libros publicados

cotillón para desesperados

Editorial La bohemia, 2001

Prólogo de Américo Ferrari

LAURA YASAN EN EL CARNAVAL DE LA SOLEDAD
 
entre loba y cordero hacen alianza
tercera sin tajada pierdo mi condición
voy con la misma piel de manada a rebaño
marcada y diferente
soy la tinta que mancha y no se absorbe
metal que no se funde
agua que por la fuerza va a quebrar la vasija
si no encuentra por donde rebasar

L.Y.

Cuando leí por primera vez poemas de Laura Yasan, los de Loba negra, me dejó impresionado el sentimiento de angustia y desamparo que presiona desde el fondo de sus versos y hace que la voz poética repercuta a veces en el lector como, efectivamente, un aullido; y traté de expresar esta impresión en una breve nota que publiqué en el diario La República de Lima donde señalaba una analogía entre ese aullar de loba que traba y sostiene al mismo tiempo la palabra poética con la voz, también trabada por la angustia, de César Vallejo, quien en dos pasajes de su obra siente su lenguaje humano cortado o terriblemente modulado por el lenguaje de una fiera: “quiero escribir pero me siento puma” y “sufriendo, como sufro, del lenguaje directo del león”. Sufrir del lenguaje es la cruz que llevan encima los poetas: qué hacer, o qué dejar de hacer, que es lo peor, como dice también el mismo Vallejo.

El lenguaje de la fiera es aullido que clama en el desierto: el del poeta también, sólo que, y hace mucho tiempo de esto, el desierto que abrigaba al ancoreta, el solitario que ahí clamaba su esperanza y su sed de Dios, se figura hoy como una especie de yermo sucio y pululante, sin dios y sin esperanza y también sin sed, el yermo urbano donde millones de aislados han perdido hasta la facultad de aullar o de ladrar como lo hacen tan bellamente los lobos o los perros: donde toda palabra es palabrería y todo ritual y todo rito oral se encoge en discurso y vocerío, y toda cara desaparece bajo la careta que, más que cubrirla, la sustituye: y así arrecia el baile en el carnaval de los desesperados evocado con violencia en el poema que da el título al libro, “Cotillón para desesperados”, en la sección Música rara: ¿hace agua el barco de tus sueños? / no hay de qué preocuparse / esta ciudad te ama / en los centros de canje estimulan el tedio (…) / nada es tan grave / la vida es un asunto local / del trabajo a la cama / forrar el ataúd con el salario mudo del fracaso / momentos en que llueve / sobre la seda fría del recuerdo / la ciudad anegada de una tristeza rancia / pero cómo te adora / te protege / por dos libras de carne más la furia / te dan tres aspirinas y una bala”. Y en medio del baile una voz de mujer dice NO: “una mujer en caída libre / rajando el aire en dos como un cierre relámpago”. Desesperación, ya que estamos viviendo en un mundo donde, ya al entrar, dejamos la esperanza, como exigen las palabras de color oscuro que Dante ve escritas a la entrada del infierno: Dejad toda esperanza los que entráis; sólo que en este cotillón para un carnaval de desesperados la denuncia misma, lúcida y sin concesiones que hace Yasan de la realidad tal como nos la sirven, realidad de la nada, es, si podemos decir, un conato desesperado de rescatar la esperanza: esa mujer que en el poemario aúlla ternura en versos duros y que es muchas mujeres, manada de lobas errando por la soledad cerrada de una casa o de unas calles donde no hay nada salvo irrisión y dolor, esa mujer llena y marca con su presencia desafiante todo el ámbito del poemario o digamos mejor de los poemarios: estaba ya en Doble de alma, en Cambiar las armas y en Loba negra. Ahora la figura de mujer se presenta tácitamente desde el primer poema de Cotillón para desesperados, “genealógica”, entre las “hijas del nuevo mundo” no importa con qué grado de parentesco, hija del nuevo mundo ella misma, o madre huérfana de las hijas del nuevo mundo o hija huérfana de las madres frígidas del viejo mundo; lo que más importa es el final abrupto del poema: lo que anhelan estas hijas “es despertar con los dedos más largos cada día / para hundirlos hasta el fin de sus amígdalas / y vomitar a voluntad / lo que resta del siglo”. Ese siglo ya se acabó, ahora nos queda por ingurgitar y vomitar, hijas e hijos, el que empieza, tan largo de tragar como amenaza ser. A este poema responde el último del libro, igual de optimista, “Sin retorno”: “¿acaso hay peor forma de lanzarse al vacío / que volver la cordura un sitio errado? // todo estallido carece de final // los equívocos / igual que ciertos animales y algunos malhechores / nunca andan solos”. Quevachaché, dice un tango. Si se quiere, a pesar de todo y contra todo, rescatar la esperanza no nos queda más remedio que tragarnos primero toda la desesperanza que se nos ofrece en esa sopa de araña que cocina y remueve una madre desesperada en un texto que comentamos más abajo.

El personaje que habla en el poema, y que hemos circunscrito tentativamente como una figura de mujer , habla de sí mismo y habla también de la mujer que es el personaje y que es al mismo tiempo, también, otras mujeres, cualquier otra mujer. La poesía proyecta siempre, y la de Laura mucho: importa poco, pienso, en esta poesía la individualidad del personaje que aparece: hay una atmósfera asfixiante y hay una mujer en caída libre y con eso está dicho todo: el hablante poético lo dice todo y no dice nada, dice NADA y esa nada pesa sobre nosotros: “la nada es sólida” dice Yasan y claro que pesa; lo que importa es que el cuerpo, por ejemplo, de una mujer (pero igual le podría pasar a un hombre) de pronto se quiebra como un barco encallado (impresionante imagen expresionante) “y el ciclo del fastidio / arroja contra el muro frontal de la locura / la edad de una mujer”: la misma: otra —da igual— sostenida “en la cordura / como unida a un desgarro”; otra: la misma quizá que la madre ya aludida, el ama de casa en el impactante poema “Acto de amor” cuyo final vale la pena citar por extenso: el ama de casa que igual podría “salirse de esa red / arreglarse el cabello y atravesar la puerta / dejar la mesa puesta con los platos vacíos por toda explicación”. En vez de eso “sigue con la mirada el círculo infinito / una mano revuelve su ofrenda cotidiana / en un acto mayúsculo de amor // la otra saca una enorme araña negra de los dibujos de su delantal / y la agrega en el guiso de la noche”. Buen apetito. Las arañas bordadas en los delantales son inofensivas mientras no nos las traguemos con la sopa y hay que tener cuidado con las madres desesperadas que cocinan desesperadamente, y también admirarlas por su manera de hacer la sopa con los buenos ingredientes que le ponen adentro.

Lo que importa subrayar ahora es que a lo largo de esta poesía dura, breve, escueta y descarnada hay no solamente una poética implícita que puede extraer del fondo del texto el lector atento, sino que la propia poeta subraya en ciertos poemas su poética, su sentido de la escritura y la naturaleza del poema. Así, por ejemplo, cómo se escribe el poema en el texto “superficies”: “se escribe atrás del tiempo / sobre una línea que se corta de pronto (…) se escribe en la insania / en la tierra mojada / en el pétalo negro del deseo // a destiempo se escribe / en el borde escarpado de los sueños / sobre la piel fregada de la muerte (…) // se escribe en la condena / sobre la espalda de los desconocidos / en una línea que se corta de pronto”. En esta visión de la escritura que de pronto se corta la poeta argentina expresa sin duda la caída del poema en la mudez, pero también se puede pensar en el sentido que indica el poetista germánico Emil Staiger en un estudio sobre la poesía lírica en su libro Conceptos fundamentales de la poética. Staiger sostiene que el poema lírico es por naturaleza breve y su línea “se corta” como dice Laura, con el estado de ánimo y la música íntima que le dio fugazmente su forma. La misma naturaleza evanescente del poema se expresa en el poema “perdida III”: “bajo la lengua crece una madeja / es tan áspero el hambre de escribir / si pudiera tan sólo / retener esos versos que hilvano por la calle / el pan de la memoria / es una proyección que nunca otorga / la gracia del final / / un ensayo perpetuo consumado al revés”. Poema: evanescencia: huida del poema en la aprehensión misma del poema; y finalmente, en “principio de incertidumbre” la serie de imágenes que indefinen sabiamente lo que el poema es: “el poema es un espantapájaros / irrumpiendo en la línea del horizonte (…) // el poema es un ancla que ha perdido su barco (…) // el poema es un iceberg en medio del océano (…) qué secuencia alteramos en la fórmula del tiempo y la distancia / cuando el poema es una muesca en la culata del vacío”: el vacío, el lugar imposible donde nace y se extingue y renace tercamente el poema.

Se podría decir que el poema es, a secas, puesto que aparece, y aparece fuera y lejísimos de toda vana definición. Laura se limita a cercarlo o circunscribirlo dándole unos nombres que lo evocan o convocan: espantapájaros, ancla sin barco, iceberg en el océano, muesca en la culata del vacío: un ancla sin barco carece de función, una muesca en el vacío es como un agujero en el aire, lo que significa que el poema no se deja encasillar y no cabe entre los cuatro muros cerrados de una definición; entre cuatro paredes se puede encerrar cosas y hasta unos metros cúbicos de aire, pero no un poema. Y al contacto del poema el incauto que quiera determinarlo, definirlo, incluirlo en un molde lógico cualquiera, lo que tendrá será sólo unos garabatos de tinta encerrados en una hoja de papel. El poema empieza a existir cuando su silencio resonante fuerza un alma (he dicho a-l-m-a) a acogerlo y dejarse penetrar por la nada sólida y adhesiva y pegada a las palabras en que consiste propiamente su ser nada. Y así veo yo la poesía de Laura Yasan: como fragmentos sólidos, punzantes e hirientes de esa cosa que nunca es lo que es y que nos llena el alma como de una música callada y que no dice nada: dice la nada.

La voz abrupta que resuena en estos poemas, despojada y como cortada por la angustia, abriéndose paso siempre entre el decir y la imposibilidad de decir, recuerda por la intensidad de la expresión las voces de algunos poetas expresionistas alemanes de los años 10, Georg Trakl, Gotfried Benn, Elsa Lasker-Schüler entre otros, no importa que Laura Yasan los haya frecuentado o no. Las voces de los poetas, cuando son auténticas, se encuentran las unas con las otras en el aire del tiempo, ajenas a toda influencia y a todo estilo. El expresionismo, como dice el crítico expresionista alemán Kurt Pinthus, no es una escuela literaria sino una estructura o disposición del espíritu que se ha dado siempre según él, por ejemplo ya en la poesía antigua y barroca de lengua castellana. Y más allá de los poetas y escritores alemanes o de cualquier lengua cabe referir el grito de angustia que resuena en la poesía de Laura al interminable grito mudo lanzado por un hombre que se ahoga en un río negro en medio de la noche, no ya en un poema sino en un cuadro célebre del pintor noruego Edvard Munch y que lleva por título precisamente “El grito. Y a mí me ha parecido ver aún ese grito mudo en los poemas de Laura Yasan que acabo de comentar.
Américo Ferrari
Ginebra, 2001

genealógica

las hijas del nuevo mundo
son blancas como las luces de los shoppings
pálidas como los panes de mc donald's
translúcidas lágrimas finales de best sellers
 
las madres huérfanas de las hijas del nuevo mundo
fuimos oscuras habitantes de hotel
tuvimos negras maneras de mirar
queríamos la vida en símbolos extraños
películas de bergman
 
las paridoras frígidas de las madres huérfanas de las hijas del nuevo mundo
querían una historia sumergida en channel
casarse vírgenes con una réplica de cary grant
tener muñecas rubias de mejillas rosadas
mascadoras de chicle leyendo mujercitas
 
las hijas huérfanas de las madres frígidas del viejo mundo
queríamos las curvas mullidas de la marylin
y el aspecto latino de una amante del che
 
pero ellas
las nietas de la decadencia
las hijas del imperio del nuevo mundo
sólo desean ser
delgadas como un tallo
livianas como el ala de una mariposa
anhelan despertar
con los dedos más largos cada día
para hundirlos hasta el fin de sus amígdalas
y vomitar sin voluntad
lo que resta del siglo
 

haceme prensa

sacame en las noticias
inventame
cargá un prontuario salvaje y terminal
un acto delictivo
que me busque la mafia
hombres tatuados que recorran
su larga cicatriz con el pulgar
revuelvan mis cajones
desgarren mi remera de dormir

dame otra vida mañana en las noticias
dame relieve
clase
quiero ser la heroína en los desaguaderos de la noche
el humo que corroe las piernas congeladas de las putas
evidencia y testigo presencial

sacá
sacame en patrullero
subime a una mujer hecha de cables
abrile un titular ponele alias
frotala hasta que hable
no la mates
que aprenda a confesar en donde oculta
la llave de mi tedio

cash

una mujer en caída libre
rajando el aire en dos como un cierre relámpago
¿piensa en velocidad
o puede desmembrar escena y escenario?
¿borra cada pregunta la respuesta anterior cayendo en caída libre?
¿recuerda algo vital o prioritario dadas las circunstancias
ha combinado esa mañana los colores de su ropa interior
cerró con llave
o impactará contra el cemento
como en los brazos del hombre que la ama?
¿podrá abrir una grieta
su peso de mujer cayendo en caída libre
imprimir en el medio de la calle un leve desnivel
algo que la recuerde para siempre tanto menos vulgar que una mancha de sangre?
¿verá pasar la vida delante de sus ojos?
¿cuarenta fucking years cayendo en caída libre
son suficientes fichas para ganar el juego?

o es demasiado riesgo
tentar la cavidad rosada del peligro en una sola apuesta
sin más que esa moneda para pagar el precio

señales

ser quien no encuentra
una marca de tiza en el muro del mundo
huella de la pisada
que vaciló al hundirse en tierra ajena
una señal tejida con el hilo de voz
que desmadeja turbio el río de la infancia
madre que no dejó escombro sin cavar
para enterrar las pruebas de mi nombre
ser quien confunde
señales de un naufragio con prendas olvidadas
ser quien se esconde
en los jardines secos de la ausencia
y conoce de sobra el precio de volver
a frecuentar sueños vencidos
por el peso del hambre

perdida

busco a la otra
solía aniquilarla un fuego helado
en los días lluviosos
escribía esos versos cargados de crueldad
giraba en esa fiebre hasta vaciarse
postergada o ajena
destilaba un color elemental

maldita
a esa la busco

dormir sobre su ausencia
es vivir en el centro de una página en blanco

soy la extranjera
que le cedí mi cuerpo para esconder sus bestias
del sol que las mataba
que soñó pesadillas en mi estómago
que desgarró mi sexo
para nacer los niños que después se comía

muda heredera
soy ahora la cáscara que muerde su silencio
esclava sin tirano
vagando en un castillo perdido en un país
que sólo existe cuando ella lo nombra

perdida II

pisar lo blando me pide una mujer que nunca fui
quiere palabras que no raspen
conozco ese lenguaje y lo pronuncio mal

estar perdida anuncia la forma del regreso
tuve en mis manos esa puerta
comía de tu plato y me quedé

hay una llaga donde hubo dureza
dar otro paso es penetrar la herida
una imagen demasiado vulgar
que hace al futuro un sitio previsible

tengo un boleto a casa y es robado
estoy perdida
dejé señales un día de tormenta
cuando secó las cosas no brillaban
eran tan otras que no supe mirarlas con mis ojos de antes
llovió una eternidad y esa mujer
llenó mi cama de sonidos extraños
lo sé cuando la gente me confunde con ella
traen su nombre escrito en el aliento
su olor entre la ropa

soy yo quien distorsiona
no el espejo

estoy perdida porque sé regresar

perdida III

bajo la lengua crece una madeja
es tan áspero el hambre de escribir
si pudiera tan sólo
retener esos versos que hilvano por la calle
el pan de la memoria
es una proyección que nunca otorga
la gracia del final
un ensayo perpetuo consumado al revés

la escena del delito
lleva siempre la víctima consigo
escribo en ese cuerpo una reprobación
hay letra muerta en esa voz
sonidos apagados volcando en la garganta
un aluvión de polvo

forzados al silencio
quedan los restos de una historia velada
esa estaca clavando las cosas en su sitio
me representa heroica

perdida en la costumbre de equivocar la patria
cargo con los excesos
de conquistar lo que no es mío

cotillón para desesperados

¿la fortuna te esquiva?
¿hace agua el barco de tus sueños?
no hay de qué preocuparse
esta ciudad te ama
en los centros de canje estimulan el tedio
por dos tapitas más un peso
nada es tan grave
cargar el rudimento del pan y la escoba
puro discurso
cotillón para desesperados
por dos tapitas y una libra de carne
te llevás esa jaula
la corona del rey y un cetro plástico
por tres libras de carne más dos líneas de fiebre
la estafa del insomnio
malabarismo sobre noches violetas
te ama tremendamente
en los centros de canje
por una culpa más un beso indebido
cuatro hijos un perro y una úlcera crónica
nada es tan grave
la vida es un asunto local
del trabajo a la cama
forrar el ataúd con el salario mudo del fracaso
momentos en que llueve
sobre la fría seda del recuerdo
la ciudad anegada de una tristeza rancia
pero cómo te adora
te protege
por dos libras de sangre más la furia
te dan tres aspirinas y una bala

Laura Yasan 2017